Un capítulo más en la Ciudad de México
Me cuentan que hace poco Carlos Fuentes dijo que vivir en la Ciudad de México es como andar con una novia fea.
Pero ¿ qué es andar con una novia fea?
¿que huela feo, que esté sucia, que sea peligrosa, que tenga mala cara, que esté estreñida, tapada, escandalosa, que llueva y se vuelva loca, que sea pedota y siempre esté enfiestada, corrupta, que te sofoque, que nunca duerma, siempre estresada, desesperante, siempre rodeada de los mejores y los peores amigos…?
Pero andas con ella porque ya tu sentido del olfato anda jodidón, porque la quieres, porque no tiene muchos tabues ni prejuicios, porque siempre está abierta, porque tú también eres pedote, porque va a buenos conciertos y siempre te da hambre a deshoras y quieres salir a cenar, y por sus buenas chambas (¿?)
¿Qué implica, cuánto cuesta, qué desgracias y qué ventajas conlleva el vivir en esta ciudad?
El fin de semana pasado me enfrenté a la no poco común situación de ir a comprar algo y que la señorita que atiende, pues no atiende porque está hablando por teléfono. Cuando atiende ya después de 10 minutos está jetona como si te tuviera que comprar ella las cosas. Pa acabarla de arruinar, se meten tres personas antes que yo a la fila y la señito les empieza a cobrar a ellos ignorándome por completo, y ahí voy y me quejo y ya saben cómo es la banda aquí en la ciudad, que me hacen compló y se unen para no dejarme pagar. Putos.
El caso es que me encabroné, le dejé su mercancía a la señorita jetona y me fui a otra tienda a cinco minutos de ahí y compré exactamente lo mismo, hasta unos lápices de colores y un refresco extra. El punto es, la otra opción la tenía cerca y a la mano, pero nada justifica una cajera, un mesero o cualquier persona cuyo trabajo sea atenderte y te reciba con jeta.
Eso es parte de lo que es vivir en la Ciudad de México, tener muchas opciones, pero a la vez, tener que lidiar con gente que debido a la demanda de la ciudad, tiene que trabajar en domingo, tiene que recorrer kilómetros para llegar a su chamba, tiene a su vez más opciones o no tiene ninguna, no te conoce, no le importas. En esta ciudad hay que soportar y ser soportados, somos amigos en las reuniones y enemigos en el tráfico. Amas y odias con locura. Te pierdes con el terror de no llegar vivo o con la esperanza del extravío. Te sigue hasta cuando estás lejos, te intoxica. Te duele, te encanta. Te vas y vuelves. Te coge y te la coges…..si, Fuentes tiene razón, vivir en esta ciudad es como andar con una novia fea.